miércoles, 6 de octubre de 2010

el crítico que perdió el juicio


Llegó el día que tantos músicos estaban esperando. Tarde o temprano tenía que pasar, y pasó –dónde más– en los Estados Unidos. Donald Rosenberg, el crítico musical del Cleveland Plain Dealer, perdió el juicio. Literalmente.

Al parecer, Franz Welser-Möst, director de la Cleveland Orchestra, puso el grito en el cielo después de cuatro críticas consecutivas en las que el bueno de Rosenberg encontraba alguna que otra falla en el funcionamiento de la orquesta. Los editores del Plain Dealer se hicieron eco de esos gritos y reemplazaron a Rosenberg por otro crítico, un poco más benevolente en la adjetivación de los conciertos. Rosenberg protestó. El diario, nada. Rosenberg decidió ir a juicio. Y lo perdió.

Así relatado, el tema parece sencillo, pero en realidad deberían tenerse en cuenta tantos detalles que el examen del asunto llevaría varias páginas. Por lo pronto, e independientemente de la capacidad de Rosenberg como crítico, la cuestión excede el ámbito de la crítica musical: al fin de cuentas, la queja de Welser-Möst es anecdótica. Lo que está en juego es la relación de un periodista con su editor y, especialmente, los criterios editoriales de un medio determinado. Es cierto que, como estableció la Justicia de los Estados Unidos, una empresa tiene todo el derecho de elegir a sus colaboradores y, en consecuencia, comenzar o terminar cuantos contratos quiera, siempre y cuando lo haga dentro del marco legislativo vigente. Legalmente, el pobre Rosenberg no puede hacer más que lo que hizo. Protestar y ver qué pasa.

El problema es más delicado para el diario, que de pronto pone de manifiesto ante sus lectores que responde a presiones más o menos veladas. Y si bien todos pudimos alguna vez albergar sospechas de ese tipo, una cosa es creer que algunas notas están arregladas y otra muy distinta es que sea tan evidente que basta que un director de orquesta haga la “gran-Maradona” para que el periodista en cuestión salga eyectado como una versión musical del vilipendiado Toti Passman.

Así las cosas, el Rosenberg-affair parece apenas una estación más en la aparentemente irreversible marcha de la crítica musical hacia su desaparición, al menos como ámbito profesional. Los grandes medios ya no parecen demasiado preocupados por una disciplina que parece alternar entre la necesidad constante de justificar su existencia y la más completa impunidad y/o intrascendencia.

Será cuestión de imaginar, en un futuro no muy lejano, la edición de una antología de críticas musicales con el sugestivo título de Cuadernos de la cárcel.

2 comentarios:

Martín Liut dijo...

Gustavo: tu post me lleva a un par de comentarios:
El "caso Rosenberg" no solo demuestra que un medio es "presionable", también, como corolario, que no existe la independencia del periodista. En ninguna parte de un diario. Por las razones que sean, a menos que, como periodista, pienses exactamente igual que la linea editorial de tu empleador, la independencia de criterios es una ilusión. Aun el que diga que en una redacción nunca le cambiaron una coma. Si eso ocurre es porque lo escrito, o bien está en línea con la "libertad de em-prensa" o bien lo que se escribe es irrelevante.
Respecto de la crítica y su futuro, me parece que es hora de pensar territorios más amplios, que existen tibiamente en el país pero no afuera: el espinel que aquí esta vacío, entre la barricada del diario y el paper académico. Ahí hay mucho terreno vacío. Y me permito una crítica de la crítica: su ejercicio en el campo periodístico es demasiado liviana y superficial (sin importar quien sea el autor, las obligaciones formales de un periodico en el que todos tienen que poder entender lo hacen inevitable). Saludos!

Gustavo Fernández Walker dijo...

gracias, Martín! en efecto, hay muchos espacios para ensayar... Lo que a mí màs me interesa en estos casos es que revelan hasta qué punto la forma tradicional de entender la crítica (y no hablo sòlo de la visiòn que el pùblico o los mùsicos tienen de la crítica, sino también la idea que los propios críticos tienen de su actividad) resulta insuficiente. Habrà que seguir ensayando...