lunes, 24 de agosto de 2009

diálogo de sordos


Ya es moneda corriente encontrarse con que el calendario suplanta la imaginación a la hora de programar conciertos o temporadas completas en muchos teatros u orquestas oficiales. Así, por ejemplo, no sería raro encontrarse el año próximo con una exhumación de La Vestale de Vincenzo Pucitta, estrenada en el King's Theatre de Londres en 1810 y escuchada por última vez, según cuentan los investigadores de Opera Rara (NYC), en Buenos Aires, en 1828. De acuerdo, tal vez habría que esperar hasta 2028 para escucharla en el Colón, pero, como sea, la figura del programador / cazador de efemérides parece estar nuevamente de moda, a juzgar por el ciclo de sinfonías completas de Mendelssohn que se anuncia por allí. Y conste que no me parece mal que esas sinfonías se interpreten en un teatro... cerrado, como es el caso.
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Y escribo "nuevamente", porque la moda de escrutar el calendario, al igual que la de nombrar a los hijos de acuerdo con el Santoral, no es para nada nueva. Ya apareció en un post anterior el relato del escandalete del homenaje a Beethoven que la ciudad de Bonn preparó en 1845, no se sabe si para recordar los 75 años del nacimiento o los 18 de la muerte del pobre Ludwig Van. En cualquier caso, se trataba de una especie de ensayo para cuando llegara el momento verdaderamente significativo, el de 1870, el centenario del sordo, misántropo y desaliñado compositor que le cantó a la alegría universal. Y sería cuestión de averiguar si no fue precisamente el de Beethoven el primer centenario en ser celebrado oficialmente en el mundo musical -el mito de Bach es bastante tardío y para elebar a la categoría de Padre de la Música fue necesario someter al "señor gordito y con peluca" a una prueba de ADN retroactiva-.
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Pero llegó 1870 y Viena quiso celebrar a lo grande e, ingenuos como eran, pensaron que la figura colosal de Beethoven lograría lo imposible: juntar bajo un mismo techo a los máximos representantes de dos escuelas que reclamaban para sí la herencia del muerto y que, desde ya, no podían verse -u oírse, dadas las circunstancias- ni de lejos. Wagner y Liszt declinaron la invitación cuando supieron que los programadores habían incluído a Brahms y Joachim en la lista de ilustres asistentes, y viceversa. Allen Menschen werden Brüder, sí, cómo no... Las delirantes autoridades vienesas fantaseaban incluso con un Kaiser-Konzert con Clara Wieck de Schumann en el piano y Richard Wagner en el podio. Un delirio, como imaginar una banda con Damon Albarn y los hermanos Gallagher tocando temas de Ringo Starr.
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Y bien podría ser que la negativa de Brahms se haya visto motivada por el temor a que Wagner sedujera a Clara -es proverbial la debilidad wagneriana por las mujeres ajenas-, pero en cualquier caso, hoy se echa de menos cierta beligerancia estética como la de aquellos años, o la que, hace unas pocas décadas, generaba discursos encendidos y música de barricada en las salas de conciertos. Hoy, apenas si se puede disfrutar de un módico escándalo por un tenor que entra en bibicleta en Lucia di Lammermoor o un Don Giovanni que recurre a unas pastillitas azules para abordar en una misma noche a Donna Anna, Zerlina y la novia de un Leporello que ya se está cansando de tanto notte e giorno faticar.
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Parece que estas son épocas de tolerancia, de diálogo, de consenso, de escuchar a Wagner y a Brahms en una misma velada.
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Deine Zauber binden wieder
was die Mode streng getheilt.
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Y ya hay que ir preparando la temporada 2033, con su bicentenario brahmsiano, los 220 años de Wagner y el centenario del ascenso al poder del perfecto wagneriano y amante de la Novena sinfonía de Beethoven de nombre Adolf.
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Eso sí, sin gritos ni estridencias.

3 comentarios:

Martín Liut dijo...

Mmmhh, no estoy tan seguro que no haya polémicas. Se suelen, eso si, guardar más las formas. Sobre todo, porque a muchos les da miedo pifiarle con respecto al "juicio de la historia".
Sin embargo, en las listas de discusión la gente suele escribir rápido e iniciar alguna que otra discusión. La de Lucia en La Plata armó flor de revuelo en el "foro de Ayache". En la lista de la ASociación ARgentina de Musicología, por otra parte, se reedita la antiquísima querella entre teoría y práctica musicales en torno de la figura de Pedro Esnaola. saludos. Todo empieza amigablemente, pero siempre aparecen frases que aumentan la temperatura.

Gustavo Fernández Walker dijo...

Hola Martín! estaba al tanto de las discusiones que mencionás, pero no sé hasta qué punto eso no abona lo dicho: ninguna de esas discusiones parecen ser del todo actuales: si las barricadas de hoy se construyen alrededor de Esnaola, quiere decir que estamos en problemas... Respecto de la Lucia, más que una polémica es una muestra del paupérrimo nivel de la crítica local. Que la gente abuchee, es perfectamente aceptable. Pero que se publiquen en los diarios los tristísimos panfletos que circularon a raíz de la puesta de Claudia Billourou es un ejemplo de lo bajo que pueden caer ciertos autoproclamados "árbitros del buen gusto". Abrazo!

Martín Liut dijo...

Lo de Esnaola es fruto del espíritu del Bicentenario. Aunque va en contra de mis propios intereses, qué se yo, al menos se investiga sobre lo que pasó aquí y no en la china. En cuanto a lo de la ópera, el tema es de qué publico hablamos. Veo ahí un problema generacional. Yo tardé un tiempo en darme cuanta que sí, que me gustaba la ópera. Pero no la que predomina acá. El público y los críticos a los que te referis no van, por ejemplo al teatro. Cuando algún habitué del teatro, incluso del comercial ve las puestas de óperas no puede creer lo pacatas y anticuadas que son.