jueves, 25 de noviembre de 2010

consejos de un discípulo de Cage a un fanático de Dylan


Como coincidencia, es bastante modesta. No es de esas que lo obligan a uno a revisar toda una concepción del mundo o a confiar su suerte a una inteligencia o voluntad superior. Pero no deja de ser curiosa: ayer a la mañana me desperté con dos noticias, aparentemente muy diversas. Una, debía entrevistar al compositor Alvin Lucier en el Auditorio de la Fundación Proa (en el marco del Ciclo de Música Contemporánea del San Martín) y, otra, en enero se lanzará mundialmente Los sinsabores del verdadero policía, otra novela póstuma de Roberto Bolaño (espíritu tutelar de este blog, como todos saben).

No voy a transcribir algunas de las muy divertidas respuestas de Lucier en la charla, porque seguramente en breve podrá verse el video en el sitio de la Fundación Proa. Pero la curiosidad de la noche -insisto, modesta y absolutamente personal- no será televisada. En estricto off the record, Lucier comentó que es un lector voraz (amigo de Jonathan Franzen y otras plumas rutilantes) y fanático confeso de Roberto Bolaño. Menos sorprendente resultó que su novela favorita del corpus bolañesco sea Nocturno de Chile: fue el título con el que Bolaño ingresó con honores en el mercado norteamericano, con el espaldarazo de una recomendación entusiasta de una Susan Sontag prácticamente desde su lecho de muerte.

Antes de comenzar la entrevista, Lucier comentaba que cuando estuvo en Darmstadt en los años '50, la música de las vanguardias europeas lo fascinaba como oyente pero no sentía esos lenguajes como propios: "No creo que un análisis de la música europea de los '50 pueda prescindir de la experiencia de la guerra... Creo que allí radica la diferencia entre el escenario europeo de las vanguardias, y lo que hacíamos nosotros en los Estados Unidos, más despreocupadamente, si se quiere. Supongo que en parte ello se debe a que los músicos europeos parten de una tradición con la que dialogan, mientras que la música norteamericana no dialoga con otras músicas: personalmente, yo camino por la delgada línea que separa una composición para una sala de conciertos de una mera experimentación acústica."

Caminando hacia el auditorio, la traductora de la charla le preguntó si no temía que sus obras fuesen malinterpretadas. La respuesta de Lucier ilustra perfectamente a qué se refiere cuando habla de la "despreocupación" norteamericana: "Si lo pensás, en este momento se está haciendo música en todo el mundo: aquí, en Japón, en Berlín, en California... De modo que si en un lugar en particular algo sale mal, la verdad es que no importa demasiado."

El tipo de cosas que uno aprende en la Universidad Desconocida.

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