viernes, 1 de abril de 2011

estamos todos locos


Los periodistas deportivos nos acostumbraron a todo. "La rompió en la práctica", nos dicen de un número diez que viene haciendo sapo desde hace semanas, cada domingo, en un equipo que pelea el descenso. "Hizo tres goles en el picado contra la reserva", apuntan sobre el delantero que hace más de tres meses que no logra embocarla en partidos oficiales. Acaso se trate de la necesidad de llenar horas y horas de aire en canales y radios deportivas, páginas diarias en publicaciones que tienen al fútbol como único tema de conversación. O acaso sea un signo de los tiempos, que trasciende el deporte. O, quién sabe, acaso haya sido el mundo el que decidió reemplazar con la lógica futbolera todas y cada una de sus manifestaciones... Hasta el propio Bono, el miércoles pasado en La Plata, rebautizó para la ocasión a los integrantes de U2 (Larry "la Pulga" Mullen Jr., Adam "Pipita" Clayton, "Pupi" The Edge y "Apache" Bono, un mamarracho).

Y sí, el miércoles fui a La Plata a conocer la imponente "Garra" del 360° Tour de los irlandeses y no fui al Colón a conocer la imponente muñeca Claudia de la Fura dels Baus. Pero leí en todos los diarios que el "ensayo abierto" para la "versión Buenos Aires" de El gran macabro (demasiadas comillas, todas juntas) fue espectacular. Como en los diarios deportivos, leí que la rompieron en el ensayo. Tal vez eso explique el hecho de que el Colón haya ofrecido un arreglo de la ópera de Ligeti.

Al respecto, me atrevo a apuntar algunas cosas, a riesgo de caer en exageraciones que los amigos (a quienes, en parte, está dirigido este comentario) sabrán disculpar. Apunto, entonces, y disparo: déjense de joder. Les creo cuando dicen que los cantantes estuvieron muy bien, cuando dicen que la puesta es extraordinaria, y hasta cuando reconocen que los músicos hicieron lo mejor a su alcance dentro de las circunstancias. Pero es que allí, en las circunstancias, reside el problema.

Y, de acuerdo: ya sé que todas las críticas comienzan recordando que el Teatro Colón arrastra una grave conflicto, que la música de Ligeti se resiente de modo irremediable al quitarle la espacialidad de la orquesta, que el compositor húngaro eleva el timbre a la categoría de parámetro esencial, etc. Pero si después de recordarnos eso agregan que "a pesar de todo" ("peeeeeero" diría el profe Romero en Duro de Domar) el Colón ofreció un muy buen espectáculo, la cosa cambia. Se naturaliza una situación que es, a todas luces, una irregularidad, cuando no una lisa y llana tomadura de pelo. Si verdaderamente esta "versión Buenos Aires" de El gran macabro fue un gran espectáculo, entonces no es de extrañar que esta mañana les hayan llegado los telegramas de despido a 41 músicos de la Orquesta Estable. Evidentemente, no se los necesita para producir espectáculos de calidad.

Puede que esté exagerando. No pretendo afirmar que la culpa de los desastres del Colón es de los críticos. Pero a veces, imperceptiblemente, algunos gestos, algunas palabras, contribuyen a generar más confusión. Por caso (y a modo de mea culpa), poco antes del estreno de este ensayo abierto, la revista Ñ publicó mi entrevista al director musical de El gran macabro. La conversación tuvo lugar apenas Baldur Brönnimann bajó del avión, cuando aún no se sabía a ciencia cierta si la obra sería presentada, o cómo se la presentaría. Para cuando se publicó, ya se había informado que la orquesta sería reemplazada por dos pianos, clave, órgano, celesta y percusión. Varios párrafos de la entrevista estaban dedicados a la maestría de la escritura orquestal de Ligeti. O sea, entrevistado y entrevistador quedamos como dos boludos, hablando de algo que no existía. Federico Monjeau habla hoy en Clarín de la "normalización de la locura", y es claro que algo de eso hay.

Y confieso que, mientras estaba en La Plata, antes de que arrancara el show de U2 y todo saltara, literalmente, por los aires, pasaron por mi cabeza un par de imágenes de la función que en ese preciso momento estaba empezando en Buenos Aires. Como si Bono y los suyos me hubiesen leído el pensamiento, subieron al escenario y arrancaron con un tema que hacía mucho tiempo que no escuchaba: "Even better than the real thing".

Qué loco.

3 comentarios:

Martín Liut dijo...

Lo que no entiendo es por qué Diego Fischerman hizo un comentario, incluyendo calificación!!!! De lo que se anunció como ensayo abierto. No vi las ediciones en papel, pero online al menos no se ve que las crónicas de La Nacion y Clarín las tenga.

Gustavo Fernández Walker dijo...

Hola Martín!

el tema de los puntajes, como de costumbre, no es tema del que escribe la nota, sino del editor. Coincido en que poner puntaje es un error, aunque no sé si atribuíble a Diego. En todo caso, es un ejemplo más del sinsentido que significó la decisión del Colón de seguir adelante con una propuesta claramente inviable. Todas las críticas coinciden en que, salvando las circunstancias, se ofreció un espectáculo interesante. Absolutamente todas. El problema está en ese "salvando las circunstancias", porque no veo por qué deberían salvarse. A juzgar por las palabras del Jefe de Gobierno, la temporada bien podría continuar en esta misma tónica: la gente va al teatro y aplaude, las críticas son positivas ("salvando las circunstancias") y no se ve por qué sería más escandaloso hacer al piano La flauta mágica que El gran macabro.

Y ya que empecé el post con una metáfora futbolera, agrego: ¿a alguien se le ocurriría destacar el golazo de un delantero cuando el equipo pierde 6 a 1, con varios jugadores menos, y está en zona de descenso?

Martín Liut dijo...

Es cierto lo que decís, respecto de las calificaciones. Pero también habla del desconcierto. Porque hacer una crítica de un ensayo. No vi como esta la edicion en papel, pero me parece que La Nacion y CLarin no las publicaron como crìticas, sino como comentarios. Digamos, como quien cubre un entrenamiento. Ahi un jugador puede andar fenòmeno. Pero otra cosa, como bien sabemos en con el foso orquestal, perdón la cancha llena. :-)