miércoles, 13 de abril de 2011

stand-up pianist


(Ella) tiene la forma exacta de mis manos, decía Paul Eluard, y Keith Jarrett podría afirmar lo mismo acerca de la música. Al menos, de esa parte de la música que le pertenece exclusivamente a él y al género que inventó: los solo concerts. El problema es que Jarrett no está nunca solo: está el público, también, que lo adora pero que a veces tose. O le saca fotos. O lo graba. Y a Jarrett, se sabe, eso no le gusta.

Lo que se vio y se escuchó hace unas pocas horas en el Colón fue, de principio a fin, un espectáculo de stand-up. Y no sólo por el hábito de Jarrett de tocar gran parte del tiempo de pie: los gestos, las palabras dirigidas al público o al propio piano tienen algo de puesta en escena que, por momentos, es difícil disociar de las notas. Pero, sobre todo, algo del clima que Jarrett generaba con sus palabras (no con su música, necesariamente, aunque a veces sí, también) tiene mucho que ver con un hábito muy propio de los artistas de la stand-up comedy americana: volcar sus obsesiones, sus neurosis y sus frustraciones hacia la audiencia. Jarrett empezó quejándose de las fotografías. Siguió con el estado (según él calamitoso) del piano del Colón. Tras unos arpegios, se paró y aclaró: "la gente de Buenos Aires merece un mejor piano. Tienen una sala muy hermosa, que vale millones de dólares, pero un piano imposible". Arremetió inmediatamente con un blues que bien podría llamarse "El blues de qué le han hecho a mi piano" o, parafraseando a Tom Waits, "The piano has been drinkin' (and then pukin')". En la segunda parte del concierto fueron las toses: "No entiendo por qué, cuando hablo, todos hacen silencio; pero cuando empiezo a tocar, todos tosen. Si quieren toser, háganlo ahora". Y luego: "de hecho, uno de los síntomas de un mal piano es la tos. Si el público tose después del primer acorde pianissimo, es que el piano es malo." El público reía, pero era la risa de los condenados.

Y, de acuerdo, todas esas cosas son molestas. Las toses. Los ruidos de los teléfonos. El click! de las cámaras. Los flashes. Pero la obsesión de Jarrett señalando al público las reglas de etiqueta llegaron al colmo al final de la velada, después de los bises, cuando el pianista se acercó al micrófono y casi gritó: "OK. Ya se dieron el gusto. Ya hicieron su grabación de baja calidad en su teléfono de mierda, y ahora la pueden subir a YouTube. ¿Y saben qué es lo que también van a encontrar en YouTube? NADA." Esas fueron las últimas palabras de Jarrett en el escenario del Colón, mientras la gente lo ovacionaba. Podría haberse quedado con la demostración incondicional de afecto de las casi 3000 personas que colmaron la sala, pero prefirió centrar su atención en los dos o tres boludos que, en la zona de Galería, sacaban fotos con el celular. Pero bueno: no fue de sus noches más difíciles, como pueden atestiguar en Italia.

Se dirá que eso no tiene nada que ver con la música, pero lo más probable es que Jarrett opine lo contrario. En parte, porque el tipo de esfuerzo que implica encarar una suerte de maratón pianística sin red como la que proponen los solo concerts seguramente le confiere a Jarrett, al menos en su fuero interno, el derecho de exigir el mismo tipo de entrega de parte del público. O sea: si lo que pide a cambio de crear sonidos a partir de la nada durante dos horas es un poco de silencio y nada de flashes, no se ve por qué no habría uno de concederle ese deseo.

La otra razón tiene que ver específicamente con la música, y no ya con el gesto de la improvisación o el esfuerzo que demanda. Si, como afirmó todas las veces que habló sobre eso, cada improvisación es para Jarrett un viaje que merece ser recorrido precisamente porque se desconoce el punto en el que desembocará, es evidente que las decisiones que irán moldeando ese recorrido están directamente influenciadas por la sensibilidad del músico en el momento exacto en el que sus manos empiezan a moverse en el teclado. Por caso, los primeros sonidos que se escucharon antes de que Jarrett decidiera detenerse por primera vez para pedirle al público que dejara de tomar fotografías no tenían nada que ver con los que sonaron después. Es interesante imaginar cómo habría resultado esa primera pieza (y todo lo que vino después) si la improvisación hubiera continuado por ese camino que se esbozó al comienzo. Lo dijo el propio Jarrett: "si lo primero que veo, después de pedir dos veces que no tomen fotografías, es a una persona tomando una fotografía, la música cambia completamente".

Alguna vez, para sorpresa del entrevistador, Jarrett mencionó como una de sus influencias al Rey de la Comedia de Dinamarca, Victor Borge. En esa misma entrevista (que dio pie al documental The Art of Improvisation de Mike Dibb), Jarrett explica que su instrumento es el piano acústico y que la única que vez que tocó el piano eléctrico fue porque Miles Davis se lo pidió. "Los instrumentos eléctricos son juguetes. Divertidos, es cierto. Pero juguetes al fin de cuentas." Y si bien la rompió cada vez que atacó un blues en el accidentado Cölön Concert, Jarrett no es Randy Newman. O sea: no le pidan que escriba la banda de sonido de Toy Story.

Too many toys!, se quejó. Y ahora ya saben: a Keith Jarrett le gusta jugar solo con su piano, y no te lo presta. Las reglas las pone él, y son sencillas:

1) no vale sacar fotos;
2) no vale toser;
3) no vale grabar.

Y sobre todo: siempre, siempre, gana Keith Jarrett.

7 comentarios:

Julio dijo...

Y pensar que en 1973 a Bill Evans le fumaban en las sala, cansa Jarrett y aunque tenga razón con los 3 energúmenos de los celulares, no tiene razón con el de la toz y con maldecir tanto al piano, no se supone que lo prueba antes? Bue...al menos ese mal humor hizo que cambiara a los 3 minutos de comenzar su repertorio original que iba a ser difícil y más improvisado...por un redondo y sencillo concierto al estilo "Koln Concert" aunque de temas más cortos que incluyeron los 2 blues al piano mejores tocados en la historia Argentina..Sublime en el piano pero no pudimos gozarlo debido a a tensión que generó!

numaleon dijo...

Jaja, Cölön Concert.
Bravo.

Gustavo Fernández Walker dijo...

Hola Julio!
gracias por tu comentario. Efectivamente, los dos blues estuvieron entre lo mejor de la noche. Respecto de la tensión, le comenté a un vecino de palco que la segunda parte me había parecido mucho más interesante que la segunda. Su respuesta fue: "para mí fueron las dos iguales, pero la segunda la disfruté más porque durante la primera estaba demasiado nervioso, temiendo que se levantara y se fuera."
En cuanto al piano, según escuché de fuentes del Teatro, no sólo lo había probado por la tarde, sino que además había comentado que le parecía muy bueno. Ahí entran a jugar -imagino- otros temas: tal vez la variación en la acústica de la sala cuando está llena de gente (el sonido es mucho más "seco") o, como sugirió Diego Fischerman, cierta tendencia reciente a tocar frente al telón cerrado, en vez de tocar en el escenario, con la correspondiente cámara acústica. Y, desde ya, el evidente desorden obsesivo del propio Jarrett...
Saludos!

cinefrik dijo...

Estuve en el concierto de anoche y me dejó de un mal humor que no pude remontar. Evidentemente debo ser tan temperamental como Keith, auque sin el talento.
No se que me puso peor, el vulgar maltrato al que sometió a la platea o el hecho que parte del público le festejara con aplausos cada uno de sus exabruptos.
Es cierto que ha de necesitar una gran concentración para improvisar de la manera majestuosa en que a veces lo hace, pero no es menos cierto que el público también necesita hacerlo para entender y dejarse llevar. Esto último no pareció importarle mucho.
Dejé la sala al cabo del segundo bis y cuando ya había salido y me encontraba en el foyer escuché su último insulto, aquel de youtube y pensé, sos un genio pero me arruinaste la noche, imbécil!

Julio dijo...

Muy Buena página Gustavo!
En cuanto a ayer...
Todavía no sé sí estoy contento o con bronca!
Soy un admirador de Jarrett de siempre y acabo de contar los cd que tengo en casa y son 20!
Yá me había llevado un chasco la primera vez que vino a BSAS con su trío cuando su humor fué peor incluso al de ayer debido a una luz que lo encandilaba.
Mi conocimiento de la música no és tán grande como para que mi cabeza pudiera sustraer ayer, el humor de Jarrett, con su música y menos aún, para saber sí el piano era malo o solo se trataba de una tara de Jarrett.
De todas maneras hay que ser bien pelo...para prender un celular después de tantas advertencias!
Saludos

Gustavo Fernández Walker dijo...

Gracias a todos por los comentarios!

Una última cosa respecto de las reacciones del público: así como muchos se manifestaron en contra de las neurosis de Jarrett, conozco otros (muchos) que le dan la razón. (Bueno, yo mismo soy bastante indulgente en la entrada del blog.) Hasta ahí, todo bien. Cada uno puede tomarse las cosas como mejor les venga en gana. Lo que de ninguna manera me parece aceptable es la vigilanteada que se armó antes de los bises, en los que la gente de la Galería decía "¡fila 4!", "¡fila 5!" cuando veía las lucecitas de los celulares. Tolerar al buchón de Jarrett, vaya y pase, porque después toca. Pero de ahí a ser un buchón anónimo hay un largo trecho...

Y ya que estamos: son las diez y media de la noche del 13 de abril, y todavía nadie subió a YouTube el concierto de anoche. ¡Escándalo!

mertin dijo...

Supongo que esto echa por tierra la posibilidad de una futura edición del concierto. Lástima

Y es verdad que es un loco obsesivo y caprichoso, pero uno ya lo sabe a eso, y tiene que ir predispuesto. Y además también es un genio irrepetible. Y quien lo haya visto en vivo podrá atesorar ese momento como alguien hoy podría decir "vi a Miles Davis", o a Jimi Hendrix, etc. Es una leyenda viva. Y los que van a verlo y lo provocan al desoír sus simples pedidos son los verdaderos imbéciles. Sinceramente nunca entendí eso de filmar o sacar fotos en un recital con el celular desde 50 metros de distancia