sábado, 13 de noviembre de 2010

polémica polaca


OK, ahora sí. La música. Me remito a la entrada reciente del blog de Diego Fischerman, y al link que pueden encontrar en ella, que reenvía al blog de Tom Service, crítico musical de The Guardian. Ambas entradas aluden al recientemente fallecido Henryk Gorécki y hay allí un par de interesantes reflexiones acerca del compositor, desde ya, pero también acerca de los usos y costumbres de la crítica musical que, como cualquier visitante más o menos regular de este blog sabe, es a esta altura una especie de obsesión personal. (Y ahora me viene a la mente una frase genial de House, MD: "sólo un idiota se interpone entre Ahab y la ballena". Que es otra forma de decir que no esperen que cambie de tema, al menos por ahora.)

Y el tema es que si el nombre de Gorecki es mínimamente conocido a lo largo y a lo ancho del planeta, ello se debe a su Tercera sinfonía, aunque, claro, el sólo hecho de que se llame "tercera" debería llamar la atención sobre el hecho de que existen otras dos (y sólo dos: la Cuarta, que debía estrenarse este año, nunca pudo ser terminada), por no hablar de piezas de cámara, solistas o, como bien apunta el bueno de Service (cómo no hacer un chiste con ese nombre), este concierto para clave y orquesta.

Ahora bien, si uno se detiene en los comentarios a la entrada de Tom Service, lo que en boca del autor era un intento por llamar la atención sobre el resto de la obra de Gorecki, se transforma, por obra y gracia de la turba enfurecida que suele comentar en los blogs, en un ataque frontal a las vanguardias musicales a las que alguna vez perteneció Gorecki (y de las que supo tomar distancia) y, por supuesto, a los críticos que atacaron la supuesta apostasía que significó la composición de la Sinfonía de canciones tristes (y no, esta traducción libre del título de la Tercera no es un guiño a Rodrigo Fresán). Lo curioso es el hecho de que, en defensa del desaire de Gorecki a Boulez & co., los comentarios aluden al hecho de que la grabación de esa sinfonía se convirtió en uno de los discos más vendidos de la historia de las grabaciones clásicas. Curiosa defensa: esos mismos comentaristas deberían entonces concluir que el cd con la Filarmónica de San Francisco interpretando las canciones de Metallica es mucho más recomendable que toda la obra de Gorecki, puesto que vendió muchos más discos.

Pero no.

Porque, claro, lo que también está operando allí es la ficción según la cual escuchar la Tercera sinfonía de Gorecki (o la Novena de Beethoven, por caso) "hace mejores" a las personas. El mismo prejuicio que mueve a los suplementos culturales de los diarios a festejar que "los jóvenes" asistan a los teatros de ópera: la humanidad, gracias a ellos, está salvada. De más está decir que semejante antropología estetizante no se sostiene. Sin embargo, persiste una cierta visión acerca de la crítica -emparentada con este prejuicio- que impugna discursos como los que en su momento recibieron la Tercera de Gorecki: que los críticos confunden "complejidad" con "valor" y que la rápida difusión de la obra de Gorecki los obligó a concluir, consecuentemente, que era una obra decididamente mala. Según esta visión, los que no entienden nada son los críticos, mientras que el público que corre a comprar el disco de Gorecki realiza, con ese acto, un juicio de valor mucho más acertado.

No me detengo en el punto de la complejidad y el valor, porque para eso pueden leer Efecto Beethoven de Diego Fischerman. Pero sí me permito señalar el punto en el que la crítica a los críticos no se sustenta (y no porque me anime un espíritu corporativo: los críticos se equivocan mucho, incluso demasiado, pero por otros motivos): las razones por las que la obra de Gorecki fue criticada no tienen nada que ver con aquellas por las que fue acogida por las masas sedientas de canciones tristes.

Como sugiere la entrada en el blog de Diego, la época en la que surgió la sinfonía era ciertamente compleja. Y, si como apunta Alessandro Baricco en Los bárbaros, el discurso musical de nuestro tiempo (y no sólo el musical, si bien es el que aquí nos importa) se maneja estableciendo relaciones y series de relaciones, las tramas en la que los críticos y el público insertaban la obra de Gorecki eran decididamente diversas. En rigor, entonces, podría decirse que no estaban hablando del mismo objeto: el crítico que destrozó la Tercera sinfonía de Gorecki afirmando que era "basura", estaba sin ninguna duda todavía inserto en una matriz historicista: se trata de un discurso de barricada, para el cual la obra del compositor polaco era, por lo menos, anacrónica.

El millón de personas que compró el disco, por su parte, seguramente establecía otro tipo de relaciones con la obra de Gorecki: en su matriz probablemente no estuvieran las Notations de Boulez, sino Bohemian Rhapsody de Queen. O la música de películas. O cualquier otra cosa, menos la historia de la música. El éxito de la obra no es entonces una demostración de que los críticos estaban equivocados. Apenas es la demostración de que estaban hablando de otra cosa.

Pero ese es otro problema.

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